viernes, 29 de mayo de 2015

Memorias de una profesora

      25 de Abril del 2030: 

    Hay que ver cómo han cambiado las cosas. Parece que fue ayer cuando todavía usábamos las clásicas pizarras verdes, con esos trocitos de tiza que hacían que llegases a casa con las manos blancas y el jersey teñido de motitas. Increíble el paso del tiempo por esos pupitres de madera, en los que los alumnos grababan su nombre a fuego con sus llaves de casa. Qué decir de esos libros que incluían dibujos, textos y un sinfín de actividades.

        Era clásica la estampa de los niños correteando por los patios, haciendo pequeñas batallas con las piedrecitas que quedaban al borde de los árboles. Esas  peleas por conseguir el mejor banquito para comerse ese bocadillo que con tanto cariño les hacían sus padres. ¿Y esas mochilas que se colgaban a la espalda o se llevaban arrastrando? ¿Qué fue de ellas? Creo recordar que duplicaban mi peso y que parecían sacos sin fondo.

        Ahora, sentada en una especie de plataforma flotante mientras mis alumnos realizan un examen a través de sus gafas virtuales, me doy cuenta de cuánto han cambiado las cosas. Las pizarras ya nos son ni verdes ni digitales sino que son pantallas  holográficas que se ponen en marcha pulsando solo un botón. ¿De los pupitres? Mejor no hablo, ese tipo de hamacas en las que se balancean los alumnos me erizan la piel. Además, el teclado que contienen en uno de los brazos sustituye a la libreta tradicional, haciendo que los alumnos hayan perdido el trazo cuidadoso y delicado que suponía la pluma o el bolígrafo. Sí, el arte de la caligrafía ha quedado totalmente extinguido. Las risas de los recreos han quedado relegados a un murmullo constante de mensajes instantáneos a través de las redes sociales. Es inquietante no oír peleas, ni correr por los pasillos por ver quién es el último en llegar al columpio. Y qué decir de las clásicas bolsas de tela que transportaban a sus espaldas; ahora todo lo tienen al alcance de la mano trasteando un reloj de muñeca. 

            Quizá nos hallamos modernizado demasiado o quizá no, pero hay cosas que siempre se echarán en falta por mucho tiempo que pase. Se trata de pequeños detalles que no se tienen en cuenta hasta que se pierden, minúsculos espacios de tiempo que habría que rescatar del pasado. No obstante, tendremos que adaptarnos, puesto que una de las habilidades del ser humano es la adaptabilidad a los cambios constantes y, uno de ellos, es la evolución.



    

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